Nadie está libre
Es un lunes frío. Hay amenaza de lluvia. Lima se va congelando. Y sus manos también por eso Dante usa unos guantes negros. Su enfermedad lo sigue martirizando; la culpa también. Recordaba cómo nunca antes había tenido que subir a una combi, porque un Honda del año era su fiel corcel de acero. Ahora, en aquellos buses se esconde su fuente de dinero. Siente mucho frío; recuerda que antes una cama kingsize con sábanas de seda siempre lo calentaba como el cariño familiar. Ahora está solo. Es momento de subir al vigésimo bus del día. Hay que contar también por vigésima vez su historia; ojalá se apiaden de él. Tiene sida. Siente mareos, pero tiene que mantenerse en pie y rogar. Lo que antes para él era una propina, ahora es su sustento de vida. Empieza a relatar su decadencia, la agonía que vive cada día. A nadie le interesa. Esas personas que lo escuchan, sólo desean que no se les acerque mucho. Tan idiotas son, que piensan que con un roce el virus entrará en ellos. Y él sabe eso, porque cuántas veces de la misma manera marginó a personas con las que ahora comparte retrovirales.Ya no es el Honda del año; ahora se moviliza en una 32 B de 1970. Ya no se viste con ropa Pierre Cardin; ahora usa los trapos que encuentra tirados en los hospitales de los muertos de sida que nadie quiere usar. Ya no tiene amigos; sólo busca que algunos desconocidos se compadezcan de él. Ya no tiene los más de 500 dólares para una prostituta A1; tan sólo tiene en su mano los 50 céntimos que un miserable se dignó a entregarle.
La familia y los amigos se alejaron. No fue un matrimonio, porque sólo estuvieron en las buenas; jamás en las malas. Baja por Circunvalación. Mira la avenida y recuerda las noches de verano, en los que con el acelerador pegado al pie marcaba más de 150 km/h. Asia los esperaba. Las chicas también. Su grupito de amigos sólo pensaba en tomar y levantarse a alguien. La plata caía a millones. Hijitos de papás, pues. Dante tenía todo, menos un preservativo. Esa noche en Asia, gastó como nunca. Tomó como los viejos dioses griegos. Y pagó por cuánta mujer deseó. Hizo lo que quiso. Pasaron los meses. Empezaron ciertos malestares. No les tomaba importancia. Un día debía donar sangre a un tío. Las pruebas de ley. Positivo. Sí, positivo en el VIH. No lloró, sólo maldijo. Nadie lo apoyó. Ni la familia. Era la peste. Huyó de su mundo y llegó a otro donde el dolor es el himno. Aprendió y entendió. Ahora, cada vez que sube a un bus, quiere dejar su mensaje: usen preservativos, sean fieles. Esos mensajes que él nunca pretendió escuchar. Es que uno cree que nunca le pasará.
Empieza a llover. Abre su mano y ve que sólo reunió 6 soles. Y piensa: Con ese dinero pudo salvar su vida y comprar un preservativo. La vida no es gratuita. Cuesta, aunque sea algunos soles. Y también vale el tiempo que tengamos para escuchar. Nadie está libre de algún dolor, de quedarse solo o ser visto como una peste.
* Escrito en Agosto 2005

3 Comments:
Leo esto y siento que me encontre con este hombre en la combi, haces que con las palabras precisas uno pueda ver a través de las letras. Me parece que escribiendo una historia de ficción no lo harías nada mal...
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Myself, at 9:05 PM
Si hay algo que esta tiene, es rostro. Si hay algo que destaca en ese rostro, son los dientes. Unos dientes particulares, quizás como los del protagonista pero con tu cuota de indignación. En todo caso, esos dientes dejan una impresión y la impresión del texto llega a tocar.
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José, at 9:11 PM
siento ke se nos puede pasar a todos, siento ke me comporto como todos, siento ke nadie esta libre, siento ke es un wen post, serviria mucho en una campaña contra el VIH, y ojo, no es ficcion........
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alvaro, at 1:16 PM
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