En los adicionales…

A las once de la mañana solo se despiertan los niños en vacaciones, una pareja en luna de miel y los borrachos. Casi la hora de mi cita para una entrevista con una vieja gloria del fútbol peruano para una revista latina en Italia. Grabadora, cámara digital, documentos, algunos soles. Todo estaba en su lugar. Busqué el número de la casa que me había dado y no existía. Horror. Tomé mi celular –felizmente es del monopolio y la llamada me sale algo más barata- y me contestó un joven. Pregunté por mi entrevistado de turno y aquel chico sólo atinó a decirme que ya no estaba en casa y que volvía tarde. Horror. Busqué el papelito con su celular y lo llamé. Siempre gentil, traté de hacerle entender de su falta de compromiso, pero lo único que hizo fue darme la dirección donde se encontraba. Cuadra 13 de la Av. México con Lucanas, al frente de un mercado. Pleno corazón de La Victoria. Una de las zonas más peligrosas de mi querida Lima. Y yo con todas mis cosas. Pero el periodista es así. Asume sus riesgos. Tomé un taxi y llegué a mi destino.
Una zona bastante difícil, por llamarla de alguna manera, donde el ceviche de carretilla y los anticuchos de a sol forman parte del pan de cada día. Y en la cual se ven electrodomésticos, pero en su mayoría obtenidos de ‘mala fe’. Lo empecé a buscar, encontré el mercado y busqué. Nada. De pronto, lo encontré. Botella de cerveza y vaso en mano. Me vio. Me acerqué y me presenté. Se tomó el trago de un solo sorbo y me llevó a un costado. La entrevista no tomó ni diez minutos. Pero en ese tiempo, nunca me miró a los ojos, siempre la cabeza gacha. Increíble imaginar que ese hombre pudo estar tomando whisky de etiqueta azul y, al final de la entrevista, me pidió diez soles para tres cervecitas en promoción. Ese hombre que tuvo un Ferrari rojo del año y para la foto se tuvo que apoyar en uno de segunda. Aquel ex delantero –compadre de Johan- que logró tantas cosas en el deporte rey, que fue considerado entre los mejores de su época y, ahora, tan sólo divaga entre esos recuerdos.
Esa debe ser su historia de todos los días. Ya no acompañado de grandes y prestigiosos hombres de fútbol; ahora tan sólo de unos cuántos con los que comparte un vicio lamentable. El hecho de soñar que todo es para siempre, lo ha llevado a un lugar que quizá no merecía, pero que encontró por no tener cierto orden en su vida. Este final puede ser el común denominador, no sólo para futbolistas, sino para todo aquel que sólo piensa en el presente y no en el futuro. En creer que la vida dura –por decirlo en términos futbolísticos- noventa minutos, sino que también hay adicionales y hasta complementarios.
El árbitro ya pitó, se juegan 92’ y va perdiendo.
* Escrito en Oct. 2005

1 Comments:
quien era? quien era?
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Myself, at 8:20 AM
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